Los fundamentos teóricos de la actual economía de mercado. Algunas reflexiones sobre la elección racional y las instituciones

¡Mi primer post! A continuación les adjunto uno de mis primeros trabajos. Algunos de los mismos están impulsados desde el Master en Filosofía que estoy haciendo.
Confieso que con este trabajo al principio me aburrí un poco. Algunos de los autores de la teoría de los juegos me parecen particularmente áridos. Pero, como siempre, al final me animé. Este trabajo  puede ayudar a reflexionar a los economistas que tienen una escasa formación en instituciones (como yo...).


El 12 de mayo de 2010 Zapatero anunció el mayor recorte de la historia de la democracia española.  Se congelaron las pensiones, se redujo el salario de los funcionarios y desapareció el cheque bebé entre otras medidas[1].
                Sin embargo, a pesar de la excepcionalidad que suponían esas medidas en la historia de la democracia española, varios países europeos como Reino Unido o Grecia venían adoptando medidas similares. Incluso América Latina y algunos países del Sudeste Asiático venían adoptando este tipo de medidas en décadas anteriores[2]. Pero ¿qué hay detrás de estas medidas? ¿Por qué se adoptan unas políticas y no otras?
Imagen bajo licencia CC - Silvia Zuleta Romano
 Los supuestos de racionalidad que están detrás de los fundamentos básicos de la economía de mercado, concretamente de la economía neoclásica, han sido largamente criticados por numerosos académicos.
A menudo se acusa a la “ortodoxia”  de  falta de realismo de algunos de los supuestos básicos y se pone en duda su capacidad de predicción.  
En el terreno más práctico, es decir, en el de las políticas públicas, hemos sido testigos del fracaso de algunas medidas propuestas por la ortodoxia en relación a lo que se llamó el “ajuste estructural”  en América Latina. Paul Krugman lo relata muy bien en su libro De vuelta a la economía de la gran depresión.
 Sin embargo, a pesar de ese fracaso, se están sugiriendo por parte de organismos internacionales o de la Comunidad Europea medidas en el mismo sentido a pesar de las grandes diferencias entre países que conforman la Unión.
Si, como apuntan algunos economistas y filósofos,  las instituciones son tan importantes para entender el desempeño económico de los países, ¿por qué, en épocas de crisis, se predica con las mismas medidas económicas para cualquier tipo de economía?  
En este sentido, nos encontramos ante el dilema de si debemos tener en cuenta el tipo de instituciones y normas que hay en una determinada sociedad para poder hacer política económica o,  por el contrario, podemos aplicar las mismas recetas en todos los países.  
Algunos teóricos parecen estar de acuerdo en  que las instituciones y las normas de un determinado país son fundamentales para entender su desempeño económico (y otras cosas más). 
Sin embargo, a pesar de los numerosos estudios en este sentido y de la evidencia empírica disponible, no parece ser lo que tienen en cuenta los ministros de finanzas y los gobiernos a la hora de elaborar una política económica.
                En este trabajo, analizaremos uno de los fundamentos básicos del libre mercado: la elección racional así como algunas alternativas esbozadas por académicos tanto de la esfera de la economía como de otras disciplinas. Empezaremos este ensayo, haciendo un breve resumen de los fundamentos teóricos del libre mercado, es decir, esbozaremos los principios que subyacen detrás de la escuela neoclásica de economía, entre los que figura la elección racional. Para ello, contaremos con las aportaciones de Friedman (1953) y Williamson y Winter (1996).  Luego, nos adentraremos en los aspectos concretos de la elección racional. Para este apartado nos basaremos en los aportes de Elster (1994) vistos en el curso. A continuación, analizaremos algunas alternativas a la elección racional propuestas por algunos economistas, concretamente analizaremos la racionalidad limitada en Williamson y la economía evolutiva (Guala, 2007 y Williamson, 1996). Consideramos importante el aporte de estos economistas no solo por brindar una alternativa a la elección racional si no que esbozan una teoría de la empresa que nos ayuda a entender el origen de esta particular institución. Asimismo, analizaremos brevemente la naturaleza intrínseca de las normas y las instituciones tal como lo plantea Elster  con aportaciones de Lewis (1969) y Bicchieri (2006). Por último, haremos un repaso por algunos temas no tan estudiados en profundidad por los economistas: el surgimiento de las instituciones tal como lo plantea Searle. Creemos que esta visión complementa la visión de Williamson, Coase y Winter.
    
             




Los fundamentos de la economía neoclásica

Lo que enseñan los libros de texto


Cualquiera que haya estudiado economía aunque sea a nivel elemental puede constatar el universo hermoso e idílico de algunas teorías microeconómicas.
No relataremos aquí todo el soporte teórico que hay detrás de la teoría de la empresa o de la teoría del consumidor pero sí nos parece importante detenernos en algunos supuestos que puede comprobar  cualquier lector en los numerosos  libros de texto de microeconomía que existen en el mercado. 
Todo ellos coinciden en describir un mundo de ensueño donde las empresas como los consumidores actúan individualmente, por interés propio y donde son económicamente racionales y siempre intentan maximizar su beneficio.  Además, las empresas actúan en mercados donde poseen información perfecta que les permite siempre tomar la mejor decisión que maximice su beneficio. Del mismo modo, los consumidores, a partir de su “función de utilidad”, son capaces de expresar sus demandas, contando también con información perfecta que les permite ordenar sus preferencias de forma perfectamente racional(Williamson, Winter, & Coase, 1996).  
Llama la atención, en estos textos y en general en la enseñanza de la economía, por lo menos al nivel elemental, que no se haga ninguna referencia al rol de las instituciones  ni al rol que juega el oportunismo en las contrataciones a largo plazo.  De hecho, no hay referencias a la naturaleza intrínseca de una de las instituciones más importantes del mundo económico y social: la empresa ¿porqué existen las empresas si ya tenemos el mercado para asignar eficientemente los recursos? Esta es la pregunta que se hizo Coase al estudiar  el mundo empresarial estadounidense donde vio que a menudo los arreglos contractuales entre empresas constituían una vía para escapar de los “azares del oportunismo”. De acuerdo, a la economía del libro de texto, no es labor del economista estudiar el funcionamiento interno de las empresas (ni de ninguna institución) pero ¿somos capaces de entender el mundo económico ignorando la naturaleza de las instituciones?
Para algunos, es aquí donde radica uno de los principales errores de la llamada “economía ortodoxa”: en sus teorías, desdeña el rol de las instituciones en el desempeño económico empezando por la omisión total del importante rol que tiene su principal institución: la empresa.  Concretamente:
“La ortodoxia del libro de texto se funda en la aseveración defendible de que la característica central de la empresa es su papel como depósito de conocimiento productivo, pero es muy deficiente en su descripción de ese papel. (…) Lo más importante es que la ortodoxia del libro de texto no ofrece ninguna base para comprensión de los incentivos y los procesos de las empresas que producen el cambio tecnológico y organizativo. Esta deficiencia se relaciona estrechamente con su inadecuación en la explicación de las fronteras de la empresa o, más ampliamente, de los diversos arreglos de los medios que protegen las corrientes de rentas y organizan las transacciones en relación con el conocimiento productivo de diversos tipos (Teece, 1982, 1987). Se relaciona también estrechamente con la omisión total, por parte de la ortodoxia, del problema de la actuación efectiva de las empresas en las tareas de almacenamiento del conocimiento que se encuentra detrás de la competencia productiva…” ((Williamson et al., 1996, p. 258).
¿Podríamos explicar la economía de hoy sin entender cómo  y en qué contexto surgieron empresas como Google o Amazon? Probablemente no. Tampoco seríamos capaces de entender porqué en determinados países se crean empresas tecnológicas y en otros no o porqué España depende del sector del turismo y de la construcción para explicar su desempeño económico.  

¿Para qué sirve la ciencia económica? La posición de la ortodoxia


A menudo, se ha criticado a la ciencia económica ortodoxa por la falta de realismo de sus supuestos.  Sin embargo, muchos economistas piensan que la economía no está para explicar la realidad social sino simplemente para predecir hechos en el futuro.
En la medida en que esos supuestos, en teoría, poco acordes a la realidad, sirvan para realizar correctas predicciones, podremos incluirlos dentro de nuestro marco teórico de trabajo. En este sentido,  Friedman  afirma que: “el rol principal de la ciencia positiva en el desarrollo de una teoría o hipótesis es que nos conduzca a predicciones validas y significativas (no obviedades) sobre fenómenos que no han sido todavía observados.”
Asimismo, se atreve a afirmar que “las diferencias que se observan entre ciudadanos en relación a las políticas económicas derivan de diferentes predicciones acerca de las consecuencias económicas de determinada acción más que de diferencias  en valores fundamentales”(Martin & McIntyre, 1994, p. 648-649)
En este contexto, las hipótesis que se propongan tienen que poder actuar como si fueran reales en un mundo excesivamente simplificado y claro. Por eso, para muchos economistas es un error juzgar una teoría por su cercanía con la realidad. Solamente es relevante la potencia predictiva que posea. Y para ello, el enfoque de la elección racional parece que es el que más ventajas posee para el economista  en su búsqueda de “simplicidad” en sus teorías.

La elección racional y algunas críticas


La elección racional constituye uno de los principales pilares de la ciencia económica ortodoxa pero ¿qué entendemos por racionalidad? ¿Por qué es tan útil para la ciencia económica? La elección racional es útil a la ciencia económica justamente porque prescinde del rol de las instituciones y las normas sociales para entender el comportamiento social y, más concretamente, el económico.  En este sentido,  como señala Elster (2007) en Tuercas y Tornillos,
“La elección racional es instrumental: está guiada por el resultado de la acción. Las acciones son evaluadas y elegidas no por sí mismas sino como un medio más o menos eficiente para otro fin”. (…) la elección racional se ocupa de hallar el mejor medio para los fines dados” (Elster, 2007, p. 31-33).
Además, la elección racional, como apuntábamos, está definida para un solo individuo no para un grupo de personas. Por esta razón, la maximización del consumo se realiza independientemente de otros criterios como el beneficio de una comunidad concreta o la equidad.  
Sin embargo, los criterios de racionalidad requieren de una serie de requisitos que deben cumplir los individuos que muchas veces nos acercan más a la descripción de un robot que de una persona de carne y hueso:
“Para que sea racional una acción debe ser el resultado final de tres decisiones óptimas. Primero debe ser el mejor medio para realizar el deseo de una persona dada sus creencias. Luego esas creencias en sí mismas deben ser óptimas dada la prueba de que dispone la persona. Finalmente, la persona debe reunir una cantidad óptima de pruebas, ni demasiadas ni muy pocas.”
O resumido: “dado C, B es la mejor acción en relación a un conjunto de deseos”(Elster, 2007; Martin & McIntyre, 1994, p. 315).
Donde C son las creencias y B el comportamiento.
Esta es la base de la teoría del consumidor basada en la utilidad ordinal que podemos encontrar en cualquier libro de texto. La misma nos dice que los consumidores son capaces de ordenar sus preferencias en función de la utilidad esperada por lo menos de manera ordinal de forma que nos permita obtener una función de demanda.  ¿A qué nos referimos exactamente con utilidad? Pues, nos referimos al placer subjetivo que experimenta una persona al consumir un bien. Este concepto, desarrollado por Jeremy Betham está en la base de la teoría del consumidor(Samuelson & Nordhaus, 1990)[3] pero ¿Cómo ordenamos nuestras preferencias de consumo?  Informándonos.  Este “consumidor robot” posee información perfecta, otro supuesto primordial para entender la racionalidad del consumidor.
 Sin embargo, debemos destacar algunas falencias evidentes que han esbozado algunos teóricos: a simple vista, revisando los postulados vistos en apartados anteriores, nos cuesta imaginarnos al consumidor maximizador que proponen algunos economistas. Numerosos han sido los críticos que tanto dentro de la disciplina económica como fuera de ella, han expuesto de manera más o menos detallada, sus pegas a este concepto de racionalidad. Elster (Martin & McIntyre, 1994) es uno de ellos. Uno de los aspectos más problemáticos de la teoría de la elección racional tiene que ver con la recopilación de la información que debe realizar el agente maximizador. Obtener información a menudo es costoso y puede ser dificultoso para un agente  sopesar los costos de obtener más información. Por otro lado, en un mundo gobernado por la incertidumbre, es muy difícil encontrar evidencia que sea fiable. ¿Cómo decidimos si debemos comprar una casa cuando no sabemos con exactitud a qué nivel estará la tasa de interés el año próximo? Ni siquiera un experto en el mercado inmobiliario puede tener esta información por lo que el ámbito de la racionalidad se ve ampliamente constreñido.  
En principio, nuestras decisiones económicas dependerán de lo que hagan otros. ¿Subirá el Banco Central Europeo las tasas de interés? Si tenemos en cuenta que el Euribor se rige, en mayor o en menor medida,  por las tasas de interés que fija el Presidente del Banco Central Europeo, debemos no sólo obtener información histórica, si no suponer que los patrones que se han repetido en el pasado volverán a suceder.
Numerosas decisiones económicas que tomamos día a día dependen de lo que pensamos que otros van a hacer. Especialmente cuando nos movemos en mercados lejanos de la competencia perfecta. Por esta razón, muchos economistas se han visto atraídos por la teoría de los juegos y sus derivaciones que intenta plasmar teóricamente esa interacción entre diferentes jugadores. Pero antes, veremos una propuesta de racionalidad elaborada por Williamson y Coase que pretende acercarse más a la realidad en la que vivimos a la vez que intenta elaborar una teoría de la empresa que nos permita entender su nacimiento.

Alternativas a la elección racional

La racionalidad limitada

La economía de los costos de transacción(Williamson et al., 1996), una alternativa a la economía neoclásica, propuesta por Coase parte de la premisa de que las transacciones del mercado tienen un costo, algo que los economistas ortodoxos no tenían en cuenta en sus análisis. En este sentido, la unidad de análisis no es el individuo si no la transacción.  Justamente, porque la información es costosa, la institución de la empresa nace como la manera más evidente de minimizar los costos inherentes a actuar en el mercado.  Los supuestos de los que parte son dos y muy simples:
ü  Los agentes económicos son intencionalmente racionales pero solo de forma limitada
ü  Los agentes económicos son propensos al oportunismo.
En base a esto, Williamson propone “organizar la actividad económica para ahorrar la racionalidad limitada al mismo tiempo que se salvaguardan las transacciones en cuestión contra los riesgos del oportunismo”(Williamson et al., 1996, p. 130).
No debemos pensar que la racionalidad limitada significa irracionalidad. Los individuos quieren actuar racionalmente pero la falta de tiempo y el costo que conlleva la obtención de información limita esa racionalidad.
En cuanto al oportunismo, nos referimos a que los individuos buscan el interés propio por encima de todo, lo que implica, en determinados casos, incluso la traición. Es por esta razón, que las meras promesas no son validas. Los agentes buscarán mecanismos para que esas promesas sean cumplidas, por medio de contratos y normas.
Es decir, de acuerdo a estos autores, creamos instituciones como las empresas para escapar del alto costo que tiene la información para el individuo y para huir del oportunismo.  Esta es la hipótesis de trabajo de Coase pero ¿podemos decir lo mismo de todas las instituciones? ¿Podemos extrapolar esto a las normas sociales y a las convenciones? ¿Sirven las mismas para escapar de la incertidumbre que reina en la sociedad?


El rol de la historia y la repetición: la economía evolutiva y la teoría de los juegos


La teoría de los juegos, creada por John von Neumann y Oskar Morgenstein en 1944, es “el estudio de los mecanismos en que las interacciones estratégicas entre agentes económicos produce resultados en relación a las preferencias de esos agentes”(Don, 2010, p. 1). La teoría de los juegos, tal como la entienden los economistas, no es una teoría “empírica” en el sentido de que pueda ser refutada si no que es un cuerpo teórico que sigue los principios de elección racional esbozados en apartados anteriores y en donde se mantienen los supuestos del agente económico maximizador de bienestar.
Sin embargo, tanto en Economía como en otras ciencias sociales, a menudo, es interesante analizar qué pasa cuando realizamos juegos repetitivos, es decir, cuando existe una interacción continuada, en donde los jugadores esperan enfrentarse a situaciones similares en distintas ocasiones. Concretamente, nos interesa estudiar los juegos de coordinación en donde la utilidad de los jugadores depende, en parte, de que todos actúen de la misma manera. David Lewis(1969) fue el primero en estudiar estas cuestiones en profundidad. Es decir, Lewis encontró una manera de explicar porqué a veces actuamos todos de la misma manera. Por ejemplo, los especuladores actúan en base a lo que piensan que el resto hará y, en base a ese criterio tan etéreo,  grandes masas de dinero pueden desplazarse de un país a otro en un abrir y cerrar de ojos.
Sin embargo, a menudo, en los problemas de coordinación no tenemos la seguridad completa acerca de lo que hará el otro y eso dependerá de las recompensas que obtenga un jugador con determinada acción. En este contexto, ¿podemos decir que sigue vigente el concepto de racionalidad tal como lo esbozábamos en apartados anteriores? Parece que para Lewis así es, ya que la coordinación será racional si tiene en cuenta las expectativas mutuas acerca de lo que harán los agentes implicados en el juego en relación a sus preferencias.
 Lewis utiliza este marco teórico para explicar las convenciones, es decir, en juegos repetitivos en los que se ha llegado a un equilibrio de forma reiterada, los jugadores pueden tener incentivos para repetir una acción que les puede haber resultado beneficiosa. Por ejemplo, en un cartel, acordar los precios a los que se venderán determinados productos en un momento preciso puede ser beneficioso para todos los empresarios implicados en el juego que, movidos por el interés propio, acuerdan una estrategia de precios. Esto lo hemos visto con claridad, con determinadas industrias como la tabacalera o la aeronáutica.  Sin embargo, lo que es central en el análisis de los juegos de coordinación es el rol de la historia y la repetición, cuestiones que han sido cruciales para el estudio de la economía desde el punto de vista evolutivo.
Al igual que en la economía de los costos de transacción, en la economía evolutiva se parte de la racionalidad limitada. Algunos autores han intentado llevar el marco teórico de la racionalidad a la teoría evolutiva de los juegos no sin grandes dificultades. Sin embargo, para Winter(Williamson et al., 1996) podemos usar un marco teórico parecido tanto para la economía de los costos de transacción como para la  economía evolutiva. En concreto,
“el esfuerzo explicativo se concentra en la dinámica. Al igual que en la economía de los costos de transacción, la economía evolutiva tiende a dirigir la atención hacia el comportamiento económico observado y no hacia conjuntos de posibilidades hipotéticas.”  (Williamson et al., 1996, p. 260)
En este contexto, Lewis “restringió su análisis a juegos estáticos en donde los agentes eran modelados de tal forma que elegían estrategias, dada una función de utilidad que era determinada exógenamente”(Don, 2010, p. 15).  
En la  teoría de los juegos evolutiva, ya no pensamos en función de encontrar una estrategia que sea mejor que otra ya que a menudo podemos encontrarnos con varios equilibrios que nos impiden elegir cual es mejor. Los economistas, justamente, utilizan la economía evolutiva para intentar discernir qué equilibrio es mejor(Guala, 2007). Bajo este nuevo punto de vista, lo que nos preocupa no es tanto buscar un equilibrio, si no que el mismo sea estable a lo largo del tiempo(Don, 2010)  y en donde las estrategias que maximizan la utilidad son imitadas por otros jugadores de manera que en algún momento del tiempo prevalecen en ese grupo de población(Guala, 2007).
Este marco teórico parece explicar mejor la economía de mercado tal como la estamos viviendo. Muchas de las decisiones económicas que toman los países dependen de lo que digan importantes instituciones como es el caso del FMI o del Banco Central Europeo. Pero hay más. Tal como exponíamos con anterioridad, el estudio del rol de las normas sociales ha sido poco explorado por los economistas y su marco teórico puede ser útil para entender la actual situación económica de los países. De ello nos encargaremos en el apartado siguiente.  
Las normas sociales
A diferencia de las convenciones, las normas sociales no surgen como resultado del interés propio de los agentes, si no que requieren de la cooperación y la reciprocidad(Bicchieri, 2006). Dos conceptos muy poco usados en el ámbito de la economía y que sin embargo, son cruciales también para entender el mundo de la empresa.
Concretamente, para que exista una norma social tiene que haber una cantidad suficientemente importante de seguidores por lo que la experiencia pasada a menudo es más importante que la elección racional.
A menudo, las normas sociales dependen de un contexto determinado en el cual los otros esperan de uno un comportamiento determinado y viceversa (Guala, 2007). En muchos casos, no somos capaces de explicar por qué actuamos como actuamos lo que nos aleja mucho de los modelos de acción racional. De hecho,
“las normas no necesitan de sanciones externas para ser efectivas. Cuando las normas son internalizadas se las sigue  aun  cuando la violación pueda pasar inadvertida y no ser sometida a sanciones. La vergüenza y la previsión de la vergüenza es una sanción interna suficiente.” (Elster, 2007, p. 120)
 Tal como habíamos planteado antes, los modelos de acción racional no nos permiten entender cómo surgen las instituciones ya que solo se interesa por los resultados. De eso nos encargaremos en el apartado siguiente analizando los aportes que ha hecho John Searle en esa materia.  




Lo que no estudiamos los economistas ¿cómo es realmente la sociedad en la que vivimos?   La propuesta de Searle.


Como habíamos visto con anterioridad, el estudio de la economía ortodoxa, en el contexto de la elección racional, implicaba dejar de lado el rol que juegan las instituciones. Tal como señala Searle(Searle, 2005), a menudo, los libros de texto de economía definen esta ciencia como el “estudio de la manera en que las sociedades utilizan los recursos escasos para producir mercancías valiosas y distribuirlas entre diferentes grupos”(Samuelson & Nordhaus, 1990) .
Obviamente, este tipo de definiciones dejan de lado el rol que las instituciones juegan en el desempeño económico de los países. Como hemos visto con anterioridad, algunos economistas como Coase pertenecientes a la economía institucional se han encargado de criticar este punto y han intentado dar una explicación plausible del origen de una las instituciones más importantes del actual sistema económico: la empresa.
 Searle (2005) intenta explicar porqué los seres humanos creamos instituciones. Existen tres nociones fundamentales:
·         Intencionalidad colectiva: esta noción es la base de sociedad tanto humana como animal y cubre no solo las intenciones si no también las creencias y los deseos colectivos.
·         La asignación de funciones: es la capacidad de asignar una función específica a un objeto concreto. Uno de los ejemplos más evidentes, es el del dinero.
·         Funciones de status: en este caso nos referimos a los objetos o personas que tienen un status especial en función no solo de su estructura física si no en virtud del hecho que se le ha asignado de forma colectiva una función específica.
En este sentido, una institución es “cualquier sistema de reglas aceptado de forma colectiva que nos permita crear hechos institucionales”(Searle, 2005, p. 21).
Volviendo al mundo de la empresa, podemos decir, bajo la óptica de la economía de los costos de transacción, que las instituciones surgen como una manera de escapar de la incertidumbre que reina cuando carecemos de las tres nociones de las que nos habla Searle. ¿Es posible explicar el capitalismo actual sin la intencionalidad colectiva? Probablemente no.
En cualquier caso, algunos economistas son reacios a este tipo de interpretaciones y prefieren intentar explicar las instituciones de forma mucho más simple: a través de las acciones e incentivos.  Si prescindimos de las tres nociones de Searle, podemos ver que los hechos institucionales van aparejados a una serie de acciones que tienen lugar en función de unos incentivos. En base a los incentivos, podemos explicar el surgimiento del dinero o el establecimiento de fronteras en los países(Smit, Buekens, & du Plessis, 2011). ¿Y dónde queda la racionalidad en este debate? Probablemente, en un lugar lejano. Lo importante es que contribuciones como las de Searle ofrecen una explicación plausible de instituciones económicas que algunos economistas no han sabido exponer con claridad.



 

Conclusiones


Hemos intentado en este trabajo esbozar algunas reflexiones sobre el rol de las instituciones y las normas sociales en el actual desempeño económico de los países. Nos hemos planteado si la ciencia económica realmente tiene en cuenta estas nociones a la hora de elaborar sus teorías y si los economistas las tienen en cuenta cuando hacen política económica.
Por lo que hemos podido estudiar, constatamos que existe una total desconexión entre lo que postulan algunos teóricos y lo que luego se hace en política económica.  Hemos visto que, en los últimos años teóricos como Searle o economistas como Williamson han esbozado otros modos de entender el sistema económico y social.
Sin embargo, parece que seguimos guiados por los postulados que propone la ortodoxia. No hace falta ser economista o un especialista para saberlo.  Esto lo vemos todos los días, en especial, en Europa. Basta con seguir las noticias, para ver que se están adoptando medidas muy similares en países tan dispares como Grecia, España o Reino Unido, es decir, bajada de salarios públicos, alargamiento de  la edad de jubilación, recortes en Sanidad, privatizaciones, etc.
De hecho, si prestamos atención a las razones que se dan para establecer estas políticas, podemos ver que no tienen que ver con  evidencia empírica que respalde esas medidas, si no que se suele hacer referencia a términos como el “humor de los mercados”, el “déficit”, la prima de riesgo, etc. No parece que estemos lidiando precisamente con agentes muy racionales.
No son, en este sentido, medidas hechas “a medida” de los países en cuestión.  Este análisis, trasciende la naturaleza de este trabajo, pero estaría bien realizar un estudio pormenorizado sobre esta cuestión ya que es de vital importancia conocer porqué los países adoptan las medidas económicas que adoptan y qué postulados (si los hay) hay de detrás de esas decisiones.
Simplemente, en este breve estudio, hemos querido esbozar algunas cuestiones que nos pueden ayudar a reflexionar sobre la naturaleza de las instituciones y las normas sociales en el contexto de la ciencia económica y su relación con el mundo actual. Esperamos que este breve trabajo sirva para futuras líneas de trabajo  o por lo menos para hacernos pensar.

Bibliografía de referencia


Bicchieri, C. (2006). The grammar of society : The nature and dynamics of social norms (1 pub ed.). Cambridge ; New York: Cambridge University Press.
 Ross, D. (2010). "Game Theory", The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Fall 2010 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL = <http://plato.stanford.edu/archives/fall2010/entries/game-theory/>.
Elster, J. (. (2007). Tuercas y tornillos : Una introducción a los conceptos básicos de las ciencias sociales (3̂ reimp ed.). Barcelona: Gedisa.
Guala, F. (2007). The philosophy of social science: Metaphysical and empirical. Philosophy Compass, 2(6), 954-980.
Lewis, D. K., (. (1969). Convention: A philosophical study. Cambridge: Harvard University Press.
Martin, M., & McIntyre, L. C. (1994). Readings in the philosophy of social science. Cambridge, Mass. ; London: MIT Press.
Samuelson, P. A., & Nordhaus, W. D. (1990). Economía (3a en español ed.). Madrid: McGraw-Hill.
Searle, J. (2005). What is an institution? http://www.iim.uni-flensburg.de/vwl/upload/download.pdf
Smit, J. P., Buekens, F., & du Plessis, S. (2011). WHAT IS MONEY? AN ALTERNATIVE TO SEARLE'S INSTITUTIONAL FACTS. Economics and Philosophy, 27(01), 1.
Williamson, O. E., Winter, S. G., & Coase, R. H. (1996). La naturaleza de la empresa: Orígenes, evolución y desarrollo (1a en español ed.). México: Fondo de Cultura Económica.



[1] Para consultar las diez medidas anunciadas por Zapatero en mayo de 2010 ver http://www.expansion.com/2010/05/12/economia-politica/1273651007.html
[2] Para un análisis detallado y para todos los públicos sobre las crisis financieras experimentadas por los países emergentes en los años noventa consultar la obra Krugman, P. (1999): De vuelta a la economía de la gran depresión. Editorial Norma.
[3] En este apartado, hemos tomado como referencia un texto básico de Economía pero cualquier lector puede consultar los libros de textos de teoría microeconómica que existen en el mercado. La teoría del consumidor es la misma. Lo único que varía es su complejidad matemática. 

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