domingo, 30 de septiembre de 2012

La retórica y la crisis económica: un relato sobre cómo llegamos hasta acá





La movilización 25 S Rodea el Congreso. El cacerolazo en Argentina del pasado 13 de septiembre. Las recientes movilizaciones de principios de septiembre en varias ciudades portuguesas. Las casi cotidianas huelgas generales griegas. Todos los días nos despertamos con alguna noticia de este tipo.
Parece que parte del mundo desarrollado está en llamas.
Más de uno ha escuchado o se ha preguntado hasta qué punto la crisis europea, y concretamente, la española se parece en algo a la sufrida en Argentina a fines del 2001. Muchos otros siguen preguntándose si es posible un corralito en España. Una salida del euro. Una devaluación. En fin, el fantasma de Argentina parece estar presente en muchos países europeos.
A menudo, se pone al país austral como ejemplo a NO seguir desde determinados sectores. 
En uno de nuestros últimos artículos nos hacíamos eco de las casi hilarantes declaraciones de Esperanza Aguirre, ex presidenta de la Comunidad de Madrid, al respecto[1]. Por otro lado, algunos euroescépticos como Paul Krugman mencionan a Argentina en otro contexto. Para este economista, en cuestión de meses, es probable que Grecia salga del euro y que eso desencadene una serie de fenómenos que culmine con un corralito bancario en España y el fin del euro[2].
No estamos aquí para dirimir si Paul Krugman o Esperanza Aguirre tienen razón. La historia nos dirá si esto es así o no. De momento, esta es una cuestión insondable.
Pero lo que sí podemos sondear, son las sensaciones. Y muchos extranjeros, especialmente aquellos que provienen de países que ya han sufrido crisis bancarias que han desembocado en crisis económicas, al mirar la crisis española pueden llegar a tener la sensación de “figurita repetida”, enarbolando frases del tipo: “esto ya lo viví”.
¿Y dónde se plasma esto? En los titulares. Las tertulias. El desánimo callejero. Las caras de la gente. Los ancianos pidiendo en la puerta de los supermercados o revolviendo la basura.
Muchos extranjeros, europeos y americanos, se sorprenden del terrible desanimo del país ibérico. Algunos dirán que hay un tono de excepcionalidad que no se corresponde con la realidad.
Medidas de ajuste. Adelanto de las elecciones. Recortes. Rescate. ¿Autodeterminación? Nada nuevo bajo el sol. O… ¿Es que alguno ha nacido ayer y tiene que correr al diccionario para buscar el significado de estas palabras? Mas de uno cree que no.
Un viejo amigo del Canguro —un neurótico expatriado—comentaba que todo esto es como un deja vu constante que muchos no terminan de sacarse de encima. ¿Es tan excepcional la situacional española?
 Muchos dirán que no se puede comparar la situación de argentina con la europea. Ya lo sé querido lector. Hablamos de países distintos. Momentos distintos. Sociedades distintas. Pero en algunas cosas nos pareceremos más de lo que creemos.
Cuando alguien se pregunta ¿cómo es que llegamos hasta acá? La respuesta no difiere mucho en los distintos países.

A continuación, un relato corto de cómo se conciben las políticas económicas. Y de cómo los economistas son menos serios de lo que creemos.
El hilo conductor en este caso es Argentina durante los años noventa en un relato que debería estar pasado de moda pero que resulta de gran actualidad[3].
Veremos de forma concisa porqué cada vez importa menos la evidencia empírica para elaborar una política económica. Y porqué, el lenguaje  es lo único que cuenta.
 Después de leer esto, considere entrar en la política o contratar un logopeda.

 No crea en formulas matemáticas. Ni en complejos modelos de inflación. Señor ciudadano. La palabra. La parla. El chamuyo.
Es lo único que cuenta.
Para ganar las elecciones. Para gobernar. Para recortar.
Porque hoy en Europa, gobernar es recortar.  

 Un poco de historia


Un día me encontraba caminando y me encontré a un anciano señor. Un ya pasado hombre con la cabeza arrugada como una pasa que tenía la camisa llena de mancha rojas, lo que me hizo suponer que acababa de comerse unos exquisitos spaguetti a la putanesca.
O eso quise pensar.
Le pregunté la hora y su respuesta fue:
Se la digo con una condición.
— ¿Cuál?—le pregunté apurado y ya perdiendo la paciencia. Tenía una cita importante y no podía retrasarme más.
—Que escuche mi historia.
El hombre me dio pena asique le propuse que me fuera contando su historia mientras caminábamos. No quería retrasarme más. Con suerte, en diez minutos podría deshacerme de él, pensé.
Ingenuo de mí.

“Había una vez una década llamada No venta, también conocida como Los  Noventa. En la misma, se profundizaron en la Argentina las medidas de corte neoliberal que habían comenzado a aplicarse a medidos de los setenta…

—Perdone—le interrumpí. — No me gustan las fabulas. Ni las historias donde hay metáforas y moralejas para interpretar el mundo de hoy. Hábleme seriamente. Como hacen los economistas.
—Está bien. Vuelvo a empezar. Espero que esta vez sea de su agrado.

Y volvió a empezar. Esta vez como quería. De manera seria. Como los verdaderos ladrillos.
Así, descubrí porqué la economía a veces puede ser desquiciante. Dígame si me equivoco.

martes, 25 de septiembre de 2012

¡Regresamos con todo!


No crean que abandoné el barco. Mi silencio responde a algo más simple. Menos filosófico. Más mundano.
 ¡No doy abasto!
Pero volvemos con las pilas cargadas después de un verano intenso en el que casi no hubo tiempo ni para el vermuth.  Ni las olivas.
 Regresamos con todo. Incordiando. Sufriendo. Y riéndonos cuando nos dejan.
 El Canguro trabaja a contrarreloj en la próxima entrega. Seguiremos   mostrando el desquiciante mundo que nos rodea. Intentando comprender. Riéndonos incluso del mal tiempo.
 Siempre con filosofía.

Lo siento.  Hoy me retiro antes. Soy un canguro ocupado.
Los dejo con una cita, muy actual, del magnifico poeta californiano Robert Lee Frost:
“Un banco es un lugar en el que le prestan a usted un paraguas cuando hace buen tiempo y se lo piden cuando empieza a llover”.
Hace fresco. Me largo con mi sopa de pollo, mi manta…y mi vermuth. Of course. 
¡Salut!