viernes, 28 de diciembre de 2012

Porqué la Navidad no es bella y otras reflexiones en torno al arte


Ultima entrega del año. Como es de esperar, hablamos de la Navidad y de todo aquello que nos repulsa. 
En plan tranqui y sin estridencias. ¡Disfruten!

Payasos que bailan al ritmo de Gangnam Style. Falsos gordos que se disfrazan de rojo con tiesas barbas. Montañas de caramelos que se reparten en las bocas de niños sedientos y sudorosos. Fiebre consumista de domingo a la noche. ¿Qué tienen en común estos ingredientes?
Estamos en Navidad. Una época que llama a reflexionar sobre los íconos visuales que nos transmite esta época del año.
El Canguro se levantó temprano. Hacía calor y los mosquitos revoloteaban borrachos de tanta sangre.  Se dirigió al parque más cercano que, en esta ocasión,  en vez de verde estaba inundado de estridentes colores y un gran cartel que invitaba a quien desee a vivir la verdadera experiencia de la navidad.
Tenía que entrar, a menudo, los Canguros nos dejamos llevar.
Una vez superado el shock cromático me acerqué a un trineo, siempre quise montar en uno en pleno verano, con el prado de fondo y los pajaritos del verano. Sí. A pesar de que soy un estoico bebedor de vermuth tengo que reconocer mi lado infantil. Los trineos me encantan.
El shock fue muy grande, en vez de aves amigables me encontré con una multitud de palomas picoteando los restos de comida que habían dejado los transeúntes. Restos de panchos. Pochoclo por todos lados y alguna lata de Coca Cola medio llena.
El trineo era grande, fácilmente entraban cuatro canguros. Me acerqué dubitativo. Iba a vivir una experiencia única, banal, infantil.
Cuando ya tenía una pata adentro apareció de la nada un chico joven con remera institucional y cara de pasante de guardería infantil. Una versión navideña y patética de Harry Potter pero humedecido por el calor.
-Lo siento. No puede subir. Es solo para mirar y sacarse las fotos.
Lo miro a los ojos y desaparezco (ya dije que soy un canguro con clase).
Me acerqué lentamente a una casa que estaba llena de gente. Algo interesante tiene que haber, me dije ilusionado. Los chicos parecían felices. Me instalé en una mesa bajita y lo descubro rápido. El secreto de la felicidad de estos niños son bolsas de caramelos comprados al por mayor en algún bazar. Unos crayones partidos y unas hojas sueltas se repartían por las mesas, el suelo y por unas estanterías que había.
 Intenté escribir mi carta a Santa Claus. Un grito desesperado de que todo aquello desapareciera. Al fondo, unos payasos bailaban al son de Gangnam Style.
Los crayones, por alguna misteriosa razón, no escribían.  Me alejé meditabundo. Tenía mucho que pensar. En especial, me pregunté por qué la Navidad no es bella.
Me zambullí en los clásicos. Algo en limpio tenía que sacar de todo esto. Aún, a riesgo de terminar más confundido de lo que estaba.
Festejo  de la Navidad en Parque Thays de Buenos Aires. Unas bonitas bailarinas navideñas entretienen a las familias.  Fuente: Clarin

Mercadillo de Navidad en Plaza Mayor de Madrid. Fuente:  que.es

Ecce Mono. Algunas restauraciones pueden ser obras de arte y además ser más bellas que la original. Fuente: elpais.com

De acuerdo a Immanuel Kant, “gusto es la facultad de juzgar un objeto o una representación mediante una satisfacción o un descontento, sin interés alguno. El objeto de semejante satisfacción llamase bello.”[1] Las cosas que son bellas son desinteresadas y Kant distingue lo bello, de lo agradable y lo bueno. Todas cualidades interesadas.
Cuando algo es bello no hay segundas intenciones. Nos produce placer y dolor de manera no lógica. Evidentemente, Kant hablaba de obras de arte y no de algo tan vago como la Navidad o su estridente iconografía. Pero, me permitirán extrapolar algunos de sus conceptos a la realidad navideña y… aparcar la filosofía por un momento y descargar mi frustración.
No sé bien qué deberían hacer los organizadores de parques temáticos navideños, pero lanzar caramelos al aire me parece la manera más vil, barata y sin sentido de entretener a los niños.
Sí. Es agradable el sabor de un caramelo masticable pero esa sensación es tan efímera como engullir una hamburguesa de Mac Donalds: a los cinco minutos estás con el estómago trastocado por el resto de la jornada.
En cuanto a los payasos haciendo playback a todo lo que da, no puedo situarlo ni dentro de la categoría de lo bueno ni lo agradable pero habrá quien piense que ese tipo de estímulos nos ayuda a evadirnos.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Un paseo por la noche porteña en plan ético y moral

Hoy entreguita light del Canguro. Nos perdemos en la noche porteña en clave ética. ¡Disfruten!




El otro día el Canguro salió a dar una vuelta por la noche porteña. Una cosa tranqui. Salida con amigos a tomar unos tragos. Por un momento, decidí olvidar que vivimos en una economía de mercado, que estamos dentro del capitalismo y que vivimos en una supuesta democracia.
La noche comenzó con 50 pesos de taxi. Querido lector europeo. No me haga meterme en intricadas conversiones de moneda. Ya no sé si tomar en cuenta el dólar oficial, el blue o el euro del verdulero. Lo único que sé es que la última vez que tomé un taxi para hacer cuarenta cuadras pagué menos de 25 pesos.
Que cada uno saque sus propias conclusiones.
Llegué al meollo de Palermo Viejo, un barrio que vive de las modas pasajeras y de los bares que abren y cierran cada vez que me doy la vuelta. Mucho diseño. Negocios de ropa cada vez más caros.  Ferias de artesanías y ostentación culinaria que se queda en nachos con queso. Consumo conspicuo, lo llamaba Thorstein Veblen (un personaje del que hablaremos en otra entrega).
Dirán que soy un nostálgico pero cada vez que paso por Plaza Serrano busco desesperado con la mirada mi querida Cantina La Placita, donde uno podía comerse una excelente pasta casera sin gastarse la mitad del sueldo.
Pero volvamos a lo importante.
Palermo es el eterno intento de algo. Le doy una oportunidad una y otra vez. Y siempre caigo en la misma trampa.
Fuente: http://www.todocoleccion.net/vermouth-iris-reus-vinicola-reusense-s-tarragona~x33270296

Cuestión. Me acerco a un conocido bar de moda de calle Gorriti, (por cierto, ¿ví una bicisenda o estaba borracho?) un patio hermoso, con barra al costado, con gente cool que charlaba casi a oscuras. Viernes a la noche. No hay lugar para sentarse. Me acerco a la barra. Agarro la carta. Estaba desesperado. Necesitaba un vermuth bien frío para mitigar el calor y unas olivas para ir calmando el estómago (nunca fui un gran bebedor. Necesito mis saladitos para no terminar borracho a la media hora.)
Una  blonda señorita con cara de bulldog, me comenta, que no puede darme comida estando en la barra (what the fuck??). Que las olivas son solo para los clientes que tienen mesa. Normas de la casa.  ¿Perdón??? O sea, el canguro es un "gilipollas" que está dispuesto a pagar 25 pesos por unas olivas rellenas y el bar no es capaz de dedicarse a hacer negocio conmigo sino que se dedica a explicarme las normas de la casa mientras le cobra a un canguro amigo 50 pesos por un dedo de black label.
Está claro. Las olivas no son negocio.

lunes, 3 de diciembre de 2012

¡Ya no quieren conquistarnos! Una reflexión sobre los políticos en clave retórica

Termina el año y no estamos para ladrillos. Hoy, articulito light del canguro. Pocas cifras. Un poco de reflexión. Y por supuesto, un vermuth bien frío para terminar la jornada. ¡Salut!



La semana pasada pasé por la farmacia. Necesitaba vituallas para mi bebé canguro y unas cuantas cosas que el capitalismo nos impone sin que nos atrevamos a cuestionar. Repuestos de tetinas, un vaso para tomar agua y un cepillo de dientes. Me encontré con que solo vendían mamaderas marca Chicco  para recién nacidos. Misma suerte tuve en dos farmacias más. Por curiosidad, pregunté el precio. El vaso de Avent, todo un lujo en el Cono Sur, ¡salía 90 pesos!
Cuando llegué a casa, me topé con el diario en el piso, mi bebé canguro se había mostrado especialmente interesado por la política local, me agaché a recogerlo y justo estaba abierto por la mitad. Uno de nuestros funcionarios afirmaba que los caceroleros del 8N lo estaban pasando bien[1].
Tiré todo el periódico a la basura. Estaba inservible.
De igual modo, un canguro amigo que se encuentra en Madrid, me relataba que de casualidad  se asomó por la ventana y su decepción fue total al constatar que uno de sus lugares favoritos para comer cocido había cerrado, un negocio más que se suma a la larga lista de restaurantes de la zona que echan el candado. Una parrilla. Un café. Un bar de copas.
Mientras tanto, cada vez más gente revuelve la basura en busca de algo que echarse en el estomago. Todo en menos de un año.
Fuente: http://ociointeligente.wordpress.com/2012/07/30/el-triangulo-retorico-pathos-ethos-y-logos/retorica/

Después, se dirigió al living y puso la tele. Justo empezaba el noticiero. El Ministro de Hacienda español hablaba de la amnistía fiscal y de los más de 50.000 millones de euros que se recaudaría. Un golpe a la moral de todos aquellos cumplidores que ven cómo se premia al evasor[2].
Este detalle y muchos más me pusieron en la pista de por qué me cuesta creer lo que dicen los políticos en relación a la economía.
Y algunos de ellos todavía se preguntan por qué la gente ya no les cree. Porqué, aunque ganan las elecciones, sus discursos no convencen. No logran persuadir a su audiencia.
Supongo que ya sospechan por donde voy. Sí. Sigo interesado por estos temas. Es más. Me fascina ver cómo la gente se deja convencer o se muestra escéptica en función de lo que alguien más o menos astuto les dice. Sucede en el amor, en el trabajo, en la política y, por supuesto, en la economía.  
Y no me queda otra que correr a mi adorado Compendio de Lógica, argumentación y retórica una obra genial para aprendices como yo que quieren entender un poco más cómo hacen para convencer los que tienen el don del chamuyo. 
Siempre fui tímido y cuando lograba defender alguna idea propia siempre caía en el descredito. Mis ideas nunca prosperaban. Por eso cuando encontré el Compendio me decidí a estudiar a los que realmente saben. Los capos de la retórica.
Pero volvamos a lo importante.