martes, 30 de abril de 2013

La gravedad y Dios: algunos matices en torno a Newton y a su amigo el obispo




Continuamos con la serie dedicada al cosmos del Canguro. Ya sé. El país se está incendiando y yo hablando de esferas y de gravedad pero es que necesito ir a los orígenes para poder entender algo porque ahora sí que, visto como está el mundo, no entiendo nada de nada. En definitiva, lo que nos interesa es saber cómo llegamos hasta acá y estoy seguro, la historia de la ciencia tiene mucho que contarnos.
 Al grano.
Siempre me gustó el género epistolar. Tiene algo de chismoso que me atrapa. Me gusta pensar que los científicos también tienen una vida privada que ocultar…o que contar. En cualquier caso, en esta entrega nos ponemos serios y comentamos brevemente la correspondencia entre el obispo Bentley y Newton, una manera cómoda de entender la física de éste ultimo de manera amena y accesible. O también…una manera de entender la religión como panfleto…
Disfruten.
 “The last  clause of your second Position I like very well. Tis unconceivable that inanimate brute matter should (without the mediation of something else which is not material) operate upon & affect other matter without mutual contact; as it must if gravitation in the sense of Epicurus be essential & inherent in it. And this is one reason why I desired you would not ascribe {innate} gravity to me. That gravity should be innate inherent & {essential} to matter so that one body may act upon another at a distance through a vacuum without the mediation of any thing else by & through which  their action or force {may} be conveyed from one to another is to me so great an absurdity that I beleive no man who has in philosophical matters any competent  faculty of thinking can ever fall into it. Gravity must be caused by an agent {acting} consta{ntl}y according to certain laws, but whether this agent be material or immaterial is a question I have left to the consideration of my readers.”
Carta de I. Newton a Richard Bentley,  respuesta a su carta del 18 de febrero de 1693. Original en 189.R.4.47, ff. 7-8, Trinity College Library, Cambridge, UK.

Una pequeña introducción


                Para poder entender este párrafo escrito por Newton en respuesta a una carta previa de Richard Bentley conviene conocer el contexto en que se inscribe esta cuestión. Para ello, abordaremos en primer lugar de forma sintética, cuál era contexto histórico de la época y qué avances se habían logrado antes de que Newton incursionara en  la cuestión del movimiento de los planetas.
 
Primera edición de los Principia. Fuente: wikipedia. Imagen de dominio píublico
En este sentido, como explicaremos más adelante, creemos que la correspondencia entre Newton y Bentley resulta particularmente didáctica para entender la física que Newton plantea en su Principia.  Otra fuente importante de conocimiento de la obra de Newton es la que proviene de los principales historiadores de la ciencia como Thomas Khun (2010), Alexandre Koyré (2008) o Helge Kragh (2008) que nos han ayudado a comprender de forma más amena las ideas newtonianas.

                
 Un poco de historia para situarnos. El legado de Kepler, Galileo y Descartes

                Ya demasiados historiadores han hablado sobre lo que significó la obra de Copérnico en la historia de la astronomía y la cosmología. Thomas Khun (2010) relata maravillosamente el impacto que tuvo para los siguientes pensadores que fueron detrás de él, en especial para tres de ellos: Kepler, Galileo y Descartes, que fuera el Sol y no la Tierra la que estuviera en el centro del universo.

miércoles, 24 de abril de 2013

Recalculando el mundo de hoy: el cosmos de Aristóteles digerido para lectores del siglo XXI






A veces para entender dónde estamos tenemos que mirar hacia atrás. 
 A continuación la primera de una serie de entregas dedicadas al Universo y a cómo la ciencia ha ido cambiando y evolucionando hacia el actual modelo de pensar y concebir el mundo.
No crean que hablaremos solo de física. En el camino nos toparemos con Dios, los Angeles y todo una panda de impresentables que no han hecho mucho en favor del conocimiento. Pero también veremos que basta un solo genio para que los mediocres queden reducidos a su mínima expresión. Eso es una suerte.
Conoceremos personajes curiosos, heroínas y algunos obtusos pero, ahora en plan serio,  lo que nos interesa como científicos sociales, es cómo es que llegamos hasta acá.
Al fin y al cabo el desarrollo de las ciencias duras ha repercutido de manera directa en la manera en que los economistas hacen ciencia y ya sabemos lo que los economistas son capaces de hacer cuando se les da un poco de libertad.
Pero no nos adelantemos, hoy hablamos de Aristóteles a partir de un simple párrafo de su obra De Caelo.
Fuente: http://media-cache-lt0.pinterest.com/192x/6c/a2/40/6ca24085f9f227e77b9c35c45ebbc2bf.jpg

            La verdad, no sé si este señor griego escribe muy bien pero confieso que he tenido que leer sus párrafos más de una vez para sacar algo en claro o… ¿será mi banal, superficial y atolondrada mente de Canguro del siglo XXI que me impide captar la sabiduría de esta gente? Siempre me podré escudar en que el Canguro es el animal más tonto del Reino Animal.
¡Disfruten!

 

Unas palabras para empezar

               
Antes de entrar de lleno en el párrafo que incluiremos a continuación, debemos destacar algunos conceptos que nos permitan entender la cosmología aristotélica. Para ello, mencionaremos algunas ideas que nos parecen esenciales para poder entender la, a veces oscura, prosa de Aristóteles.
Algunos autores nos ayudarán en esta tarea, nos referimos a Thomas Khun (2010) principalmente pero también haremos uso de otros libros que nos puedan servir para entender la especial cosmovisión aristotélica.
Un análisis exhaustivo de las ideas que  desembocaron en la cosmovisión de Aristóteles excedería estas páginas y ya existen excelentes libros en el mercado. Por esa razón, solo esbozaremos sintéticamente algunos rasgos que creemos nos ayudarán a echar luz en el oscuro pasaje de De Caelo.

El cosmos de Aristóteles


                Dicen que Aristóteles empezó teniendo una vida un poco dura.  En plena adolescencia pierde a sus padres por lo que rápidamente lo adopta un personaje que no duda en enviarlo a estudiar con Platón, con el que dicen que entabló una amistad bastante “entrañable”.
 Pero vamos al grano.