Piketty para dummies 1: una introducción

Es difícil plantearse seriamente hacer una reseña sobre la obra Capital de Piketty sin sentir que uno se está metiendo en un berenjenal del que puede ser muy difícil salir.
Que se metan otros.
De hecho, ya más de uno se ha lanzado a la aventura. Solo hace falta googlear a Piketty para encontrar miles de reseñas de su obra.
 Mejor seguiré otro camino: intentar reflexionar sobre su libro en clave particular. Esbozar algunas ideas. Intentar comprender a través de algunas preguntas clave. Fáciles. Pensadas para el vago que tenga suficiente interés en la economía pero no la voluntad, el tiempo, el empeño o lo que sea de leer este tocho de más de 600 páginas.
¿Qué necesidad hay? Para eso está el Canguro que intentará de forma directa y sin tecnicismos llevar al lector las principales premisas de esta obra.
El formato de pregunta y respuesta me parece adecuado cuando hay que hablar de temas un poco más áridos y los interrogantes que se plantea este dummy imaginario bien se los podría haber planteado el Canguro en otro momento de su vida. Lo haremos en cuatro entregas por las misma razón: no queremos cansar al lector.
En definitiva, esta es una guía para inútiles, como lo soy yo en muchos terrenos, que en un lenguaje claro y poco académico intentará responder a las cuestiones clave que plantea Piketty en su libro.
 Espero que el lector después de leer esta reseña pueda fanfarronear por ahí de haber leído una de las obras económicas más importantes de los últimos años.
Al fin y al cabo, estoy ayudando  al mismo PIketty cuando dice que quiere acercar la economía a todo el mundo. “La economía es algo demasiado serio para dejarlo en manos de los economistas.[1]
Piketty para dummies intenta dar un paso. En plan callejero y con ejemplos reales intentaremos dar respuesta a todos aquellos planteos que nos hacemos día a día sin ser eruditos. Al fin y al cabo, la filosofía debería estar para eso y no para dejarla en manos del par de académicos de turno.
Vayamos al fango. Puede que sea un camino un poco tortuoso pero sin duda así es el conocimiento y por eso nos gusta. Si fuera fácil, aburriría.
 No digan que no les avisé.
¿Qué es lo que hace la obra de Piketty tan interesante para un economista y para el mundo en general?
Primeramente, pone de relieve uno de los grandes temazos que los economistas solemos estudiar de pasada y que no ocupa mucho tiempo en nuestras cotidianas inquietudes académicas e intelectuales. En concreto, Piketty pone en el centro del análisis económico  la cuestión de la distribución del ingreso.
Por otra parte, si te encanta la historia económica y la estadística, este es tu libro. Un relato histórico sustentado en datos es lo que esperábamos muchos de lo que estábamos cansados de oír verdades a medias, prejuicios y creencias sin fundamento acerca de nuestro pasado económico. En ese sentido, Piketty pone un poco de luz en el camino.
¿Y qué es lo novedoso de esta obra?
Primero, que está escrita en un lenguaje llano. Para el público en general. Es una obra didáctica que cualquier lego puede seguir sin problemas con un poco de voluntad. El autor nos demuestra que es posible tratar temas complejos sin recurrir a fórmulas matemáticas.  
Y para los economistas que teníamos apolillados algunos temas nos viene bien rescatar algunos conceptos que son básicos para entender la desigualdad. En especial, conceptos macroeconómicos, como ingreso, riqueza, tasa de retorno del capital, etc.
Segundo, ¡que su análisis se basa en datos! No hay reflexión, excepto en los capítulos finales. Toda la obra está recorrida por la serie de datos con la que ha estado trabajando en los últimos años.
Y acá está el valor agregado de Piketty: se ha pasado años y años recopilando cifras de los principales países europeos y de Estados Unidos para poder formar una mega serie que va desde mediados del siglo XVIII a la actualidad (lo cual también le permite hacer algunas estimaciones interesantes sobre la desigualdad en el siglo XXI). Como un obsesivo coleccionista de estampillas, ha recopilado dato por dato, país por país con el suficiente detalle que solo un verdadero friki de los números y del pasado puede hacerlo.
Tercero, no solo quiere estudiar el nivel desigualdad de los países. Ese dato es interesante pero mucho más interesante es conocer cuál es la estructura de la desigualdad. Lo veremos más adelante.
Cuarto, su análisis no es de largo plazo, es de larguísimo plazo y esto nos otorga muchas ventajas. Cuando nos alejamos de un hecho concreto y lo vemos en perspectiva su relevancia cambia. Piketty juega mucho con esto y lo veremos a lo largo de su obra.
Quinto, da una gran relevancia a los estudios de población. A menudo, este es un tema del que no se habla con la suficiente profundidad. El autor lo hace y lo ubica en el centro del análisis económico.
Piketty nos hace un relato histórico sobre el capital, nos da referencias literarias y nos cuenta en qué punto estamos. Todo con rigor científico y sin fanatismos.
Y ahora hablando en serio: ¿qué hace exactamente Piketty?
 Básicamente, lo que hace es continuar la ya famosa serie empezada por Simon Kuznets para Estados Unidos que lo llevó a escribir su célebre paper “Economic Growth and Income Inequality[2]” en donde se dio nombre a su famosa “curva de Kuznets”. Las conclusiones a las que llegará Piketty serán diametralmente opuestas a las de Kuznets pero antes de continuar…
¿Qué decía Kuznets?
De acuerdo a sus datos, la desigualdad en las primeras etapas de desarrollo aumenta y luego disminuye a medida que el país se va industrializando. Se supone que en fases avanzadas de desarrollo económico una porción más grande de población es capaz de disfrutar de los frutos del crecimiento económico.  De alguna manera, esta teoría podía explicar el desempeño económico de Estados Unidos durante buena parte del siglo XX: una fase de industrialización con gran desigualdad durante las últimas décadas del siglo XIX y un aumento de la igualdad a medida que entramos en el siglo XX, en especial a partir de la posguerra.
 Por otra parte, su explicación optimista del capitalismo de entonces servía a los intereses del país que intentaba mostrar la conveniencia de que los países en desarrollo no cayeran en la órbita soviética. Era posible un mundo libre y próspero.  La curva de Kuznets era lo que necesitaban muchos economistas para justificar la supremacía de Estados Unidos ante la Unión Soviética. Incluso muchos otros países europeos como Francia parecían haber seguido un camino parecido de prosperidad (“los treinta gloriosos”). Todo cerraba. Pero…entonces…

¿Dónde está el problema según Piketty?
El tema es que este PIketty afirma que la curva de Kuznets fue planteada por la razones equivocadas y con una base empírica muy frágil. ¿Eran los datos lo suficientemente sólidos? Y aquí está lo novedoso, o bueno, lo que algunos veníamos sospechando pero no podíamos poner en palabras.
Básicamente, para Piketty, la enorme disminución de la desigualdad en los países europeos y en Estados Unidos tuvo más que ver con las dos guerras mundiales que lo que hicieron fue destruir grandes cantidades de capital que estaba en pocas manos. Fue una forma de barajar de nuevo. Como una expropiación en masa. De la noche a la mañana una enorme masa de capital se evaporó.
De alguna manera, Piketty nos viene a decir que solo fue un hecho fortuito —y sangriento— el que propició la igualdad que vino después de la guerra. Nada que ver con el alegre y natural proceso que nos planteaba Kuznets.  En efecto, una vez la guerra pasó y llegó la paz, solo bastaron un par de décadas para que el capital se volviera a concentrar. Así lo podemos observar en Estados Unidos a partir de 1970 y también en Europa.
Pero… ¿qué fuentes usa Piketty para justificar sus dichos?
Por un lado, extiende la serie de Kuznets para abarcar las últimas décadas. Es decir, más allá de 1948 que fue el último año que trabajó Kuznets. Por otro lado, realiza un trabajo similar para Francia, país del que tiene más información, no solo por ser él francés sino por ser uno de los primeros países europeos en sistematizar estadísticas.
Asimismo, Piketty  ha trabajado en colaboración con otros colegas para obtener información de Reino Unido, Alemania, China, Portugal, Canadá, Japón, etc.
Por último, el World Top Income Database[3], es el lugar de referencia para datos históricos sobre desigualdad de la renta.
¿Y cuáles son las conclusiones a las que llega?
Primero, lo que decíamos antes: la disminución de la desigualdad en el siglo XX fue gracias a las dos guerras mundiales y a las políticas que se llevaron a cabo para poder sortear esa crisis.
Segundo, la dinámica que está siguiendo la distribución de la riqueza en el siglo XXI nos lleva a una divergencia o a un aumento de la desigualdad.
De alguna manera, Piketty cuestiona la feliz idea de que con avances tecnológicos y capital humano los países en desarrollo alcanzaran a los desarrollados en un mundo perfecto en el que el conocimiento y las habilidades será lo que realmente determine la performance de los países.
 No señores. Parece haber muy poca evidencia empírica de que este sea el caso. La porción de ingresos de capital que corresponden a rendimientos del trabajo no es significativa y todo parece indicar que el capital “no humano” sigue siendo igual de indispensable ahora que hace un siglo.
Y, como podemos comprobar todos aquellos que se hayan tenido que enfrentar a la tarea de buscar una casa, la desigualdad aumenta con la edad (el capital inmobiliario en España parece estar en manos de personas mayores de 50 años). Y la riqueza heredada sigue siendo ahora igual o más importante que en la época en que Balzac escribió Pere Goriot.  
Pero… ¿qué son las fuerzas de divergencia? ¿Por qué no aumenta la igualdad a medida que avanza el cambio tecnológico?
Aquí viene el quid de la cuestión que luego Piketty intentará demostrar con datos. Cuando el crecimiento es lento, es decir, cuando hablamos de economías desarrolladas no de países que están todavía “convergiendo” como China como puede ser el caso de España, Alemania o Portugal, la tasa de retorno del capital suele ser alta, es decir la remuneración del capital es superior al crecimiento económico. Esto provoca una concentración de la riqueza sin igual.
Para el caso americano, Piketty observa un despegue de los salarios de los mejor pagados que se inicia  a fines de la década de los setenta. La explicación optimista nos dice que esos salarios están remunerando a trabajadores altamente productivos y educados. Pero… ¿es realmente así? ¿Cómo medimos la productividad de este colectivo? Esta es tarea difícil, más si tenemos en cuenta que suelen ser ellos mismos los que fijan su salario.
En cuanto a los países con tasas de crecimiento lentas en donde la tasa de retorno del capital es alta, nos resta decir que la riqueza acumulada (pasada) toma un lugar desproporcionadamente alto, ya que con solo unos pocos ahorros se puede incrementar el stock de riqueza de manera considerable.
Vamos, que es más rentable dedicarse a especular con bienes raíces que trabajar de forma productiva. Eso ya lo sabíamos, el problema es que para poder especular se necesita un capital inicial, una herencia, un regalo, riqueza acumulada en el pasado, privilegio de unos pocos. El resto de la humanidad tiene que salir a trabajar.
Piketty plantea que si esta situación se mantiene en el tiempo (su famosa inecuación r>g que nos acompañará durante todo el libro), la desigualdad aumentará en igual medida.
De alguna manera, el mensaje de Piketty es claro. La carrera, los estudios no sirven para prosperar sino el casarte con un buen partido o  matar a tus padres sin que nadie se dé cuenta aunque… ya ni siquiera puedes especular con heredar porque el aumento de la esperanza de vida no ha hecho más que aumentar de forma considerable la edad de los herederos.
En palabras del mismo autor:
“cuando la tasa de retorno del capital es superior al crecimiento económico (…) la riqueza heredada crece más rápido que la producción y los ingresos del trabajo. (…) Bajo estas condiciones, es casi inevitable que la riqueza heredada sea superior a la riqueza que puedas amasar como producto de tu trabajo por un amplio margen, y la concentración de la riqueza llegará a unos niveles muy altos— niveles incompatibles con los valores meritocráticos y los principios de justicia social que son fundamentales en las sociedades democráticas.” (p.26).
Vale: entiendo las ideas generales de Piketty pero sigue sin quedarme claro ¿qué es exactamente la desigualdad del ingreso?
Lo siento, es viernes a la noche y me espera mi vermuth...

CONTINUARÁ EN LA SIGUIENTE ENTREGA DEL CANGURO
Ya puedes leer la segunda parte aquí




[1] Fuente: http://cincodias.com/cincodias/2014/11/19/economia/1416384754_082607.html
[2] Fuente: https://www.aeaweb.org/aer/top20/45.1.1-28.pdf
[3] http://topincomes.parisschoolofeconomics.eu/

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